El aniversario de la Constitución de 1978 ha vuelto a celebrarse en el Congreso, pero en un clima más tensionado que en años anteriores. Al 6 de diciembre se han superpuesto ausencias significativas, declaraciones cruzadas y un creciente cuestionamiento del texto en el escenario actual.
En dicha situación, no ha faltado el intercambio de reproches entre PP y PSOE. Los populares han aprovechado la jornada para acusar al presidente del Gobierno de “vaciar de contenido” la Constitución a través de sus pactos parlamentarios con fuerzas independentistas y causas abiertas de corrupción. Desde Moncloa y Ferraz, en cambio, se ha respondido que el PP vulnera el documento al bloquear el Consejo General del Poder Judicial y adoptar una actitud “insumisa” ante el mandato de las instituciones. De esta manera, la disputa entre ambos se ha colado en un día tradicionalmente orientado al consenso y al recuerdo del acuerdo de 1978.
El acto ha contado con la presencia de los principales poderes del Estado, pero no con Vox. El partido de Abascal ha optado por no acudir a la ceremonia, justificando su decisión en la supuesta degeneración del régimen constitucional. Su ausencia continúa con su ausencia en el Congreso el 20N.
Esta línea es seguida por los partidos independentistas y las formaciones situadas a la izquierda del PSOE, incluso dentro del Gobierno. Yolanda Díaz aprovechó los actos para lanzar otro dardo al texto. Señalando el artículo 47, subraya el derecho a la vivienda digna, ha sufrido un “vaciamiento” en lo que se ha convertido “el mayor negocio del país” y una “fábrica de desigualdad”. De entre los 169 artículos ha usado este para volver a hablar de los precios del alquiler y reiterar el discurso habitual en Sumar.
ERC, Junts y EH Bildu han reivindicado otro modelo político, cambiando la Carta Magna por otros que den pie a sus ambiciones nacionalistas. Este último partido ha destacado cómo no es mayoritario y oprime a los vascos. Son palabras con la dureza habitual de Bildu, partido ilegalizado por vinculaciones con la banda terrorista ETA, autodisuelta en 2018.
Este conjunto de movimientos —la ausencia de Vox, la confrontación entre PP y PSOE y las objeciones de independentistas e izquierdas— dibuja un aniversario en el que la Constitución en el que la pugna política que han cobrado más importancia que el propio acto de celebración.
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